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30 mayo 2009

Eterno retorno


Tímidamente se asomó al balcón.
Sabía que en unos minutos llegaría.
Ya había tenido la sensación de ausencia antes.
El abandono, la tortura,
la necesidad en la punta de los labios.
Y recordó su infancia,
plagada de buenas intenciones,
pero con pocos aciertos.
Tímidamente abrió la puerta.
Sabía que era una noche más.
Ya había tenido la sensación de vacío antes.
El arrojo, la pena,
la pasión aunque supiera que era pasajera.
Y recordó su presente,
plagado de buenas intenciones,
pero con pocos aciertos.

06 mayo 2009

Trémula


Hay algo que no tiene nombre.
Lo busco en las esquinas,
bajo los árboles,
en los ojos de los que pasan
por mi lado.

Hay algo que no tiene sombra.
Se desdibuja en el asfalto,
pareciera que las montañas algo dicen
y los perros huérfanos lo ocultan.

Y las vísceras me lo recuerdan:
no tiene nombre, no tiene sombra.

Busco algo que no tiene nombre.
Busco algo que no tiene sombra.

29 marzo 2009

Vier minuten


Diez minutos la separaban de su cita.
Tomó sus llaves y miró hacia la puerta.
Temió cruzarla y volver no siendo la misma.

Hizo como si olvidara algo.
Revolvió algunas cosas, papeles, cuentas, el diario de hace tres días.
Fue al espejo y volvió a mirarse.

Ya no tenía la lozanía de hace cinco años.
Ni siquiera la de hace diez minutos.

Arregló su cabello.
Miró las cuencas de sus ojos
y los vio más hundidos.

Tomó con más fuerza las llaves,
decidida a cruzar por esa puerta.

Hizo una mueca y caminó hacia la entrada.
Se detuvo.
Le restaban cuatro minutos.

Muchas veces se hizo la misma pregunta:
"¿y si no lo hiciera?,
¿qué pasaría si no lo hiciera?..."

Sacudió su cabeza,
tomó la manija de la puerta
y salió.

19 enero 2009

Cuarto de sombras

Escena 1

Detenida y Aprendiz se encuentran sentadas cada una en una silla, frente a frente. Se miran con desconfianza. Se escucha música de jazz en el fondo. Hay una vela que ilumina el cuarto.

Detendida: Déjame ser como yo quiero! (golpeando los mangos de la silla)

Aprendiz: (con voz pausada) No sabes lo que haces.

Detendida: Es que no comprendes.. Son tantos años de esperar.

Aprendiz: Te he dado tiempo, todo el tiempo que necesitas y sólo has podido llegar hasta aquí.

Detendida: ...sabes que necesito, lo sabes. ¿Qué es lo que no comprendes?

Aprendiz: Hay miles de razones por las que deberías desaparecer. Quisiera que entendieras que esto es por tu bien.

Detenida: (tomando su cabeza entre sus manos) sería tan fácil si pudieras ver lo que yo veo... desde aquí.

Aprendiz: sería más fácil si te enteraras de que hay cosas que no pueden ser. No debes continuar. No me dejas seguir. Debo eliminarte.

Detenida: (levantándose de la silla) No puedes.

Aprendiz: (alzando la voz, sorprendida) Claro que sí!

Detenida: (mirando fija y dulcemente) Nunca podrás.

Detenida toma su sombrero, apaga la vela suavemente con sus dedos y vuelve a ser una con Aprendiz.


A Jorge Díaz, a mil obras de distancia

04 enero 2009

La falsedad


Si confiamos en el ser humano, tenemos la abierta libertad de creer, en nosotros mismos primero, en los demás después. Pero cuando transgreden la sutil barrera de la confianza, se destroza algo en el alma. Parece que el tiempo se detiene y se llena el universo de un aire denso.

No todo es como lo vemos. Ni como lo sentimos. Ni como lo pensamos.

Los sentidos, engañosos sentidos, nos presentan una realidad que llegamos a interpretar como segura, cuando así los signos nos lo plantean. Si pudiésemos sacar todas las posibles inequidades que las palabras presentan cuando tratamos de confiar en otro, esto sería posible. En su totalidad.

Y aquí aparece la señorita falsedad.

Vestida de fiesta, se infla como pecho de paloma al ver su plan cumplido. LLega satisfecha, ganadora, un peso menos en el cuerpo. Lo hecho, hecho está. Y bien. Logró su objetivo.

María no era tan virgen.

20 diciembre 2008

20 extraños en una noche

Una sola persona puede ser miles en una noche.

13 diciembre 2008

Y se quedó muda

Tres palabras.
Y vino el silencio.
Bien.

Ella entendió la necesidad de que la palabra se quedara muda.
Ella asumió que no había nada mejor que el silencio.

Cuando no hay nada importante que decir,
es mejor callar.

29 noviembre 2008

Hazte ver


Huachito:

Te escribo esta carta para contarte
que no me interesa que me mandes mensajes.
Hace mucho que ya no me acuerdo de quién eres...
Luis? Juan? Roberto..?
Lo lamento, pero mi memoria tiene fallas.
Disculpa, además, si no reconozco tu teléfono...
Era con 9 o con 8 que empezaba?
No es despecho, mijo,
(lamenta también que te diga mijo,
pero de verdad que no recuerdo tu nombre....
Empezaba con M...?)
es sólo que algo pasó,
como si se borrara el disco duro.
Te ha pasado?
A mí sí,
dicen que el pasado no existe,
así que démosle con el presente.
Y tanta ternura me impresiona...
Habré sido alguien importante para ti..?
Pucha, qué pena no saber quién eres.
De todas formas, tengo un buen psicólogo
que te podría ayudar en este trance.
Te doy el teléfono..
Espera, tampoco sé si empieza con 8 o 9.
Voy a buscarlo.
No tienes apuro, no?
Supongo, por el tenor de tus mensajes,
que tienes todo el tiempo del mundo.

Lindo, hazte ver.

24 noviembre 2008

La pelota, el gato y el ropero

Ella: terminé la mitad de la pega que tenía del viernes, me falta la segunda y nos dieron una tercera.... pero no estoy ni ahí.

Él: ¡eso!, ¡mándelos a la shusha por weones!, ¡cómo se les ocurre enviarte pega después de una semana del paro! ¡Criminales!

Ella: no es por floja, soy eficiente, y cuando se me termina una pega, quedo botá como pucho de curao, así que voy midiendo, pa’ que me alcance pa’ más rato... acá penan las ánimas.... y eso me empelota (en el sentido de que me enoja, no es que quede en pelotas, porque no tengo, ¿se entendió??????)

Él: algo... que no tenía pelota y por eso no puede jugar fútbol y eso la enferma porque se aburre y como no hay más personas no se puede... ¿por ahí?

Ella: claro, pero además la cancha está pa'l gato -guardando las proporciones, porque los gatos somos buenos chatos y chatas, ¿sí?- y con esto de la crisis mundial, ni siquiera nos alcanzó pa’ camisetas... así que... no estoy ni ahí con hacer la pega.

Él: es decir, ¿está en pelotas? No tienen camisetas y juegan en cueros, ¡en una oficina pública! Y más encima les dan el 10%... ojalá lo usen pa’ comprarse camisetas, poh, ¡tropa de inmorales e indecorosos!

Ella: sin camiseta y con la pelota desinflá... ni el 10% nos hará que volvamos a los puestos de trabajo, qué se han creído, pero basta ya con la cosa futbolística, deprimida por la actuación de las rojitas y con insolación por estar en pelotas... ¿pelota dijo??

Él: sí, pelota. ¿Y rojas van a tener las pelotas dijo? Insolación, sin camisetas, pobres como ratas, en pelotas... las pelotas se asolean más de la cuenta y quedan rojas como pancora.

Ella: y teeeermina el partido, señores, 3 para los ministros Vel-asco y su séquito y 0, sí señores, C E R O para las de pelotas rojas o en pelotas sin camisetaaaaaaaa!!!

21 noviembre 2008

Sobre el dolor

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber adónde vamos, ni de dónde venimos!...



Rubén Darío

...Y no sé cómo empezar.
Cuando un alma pura se vierte,
deja estelas de su prístina esencia.
El dolor que acompaña a esa alma
puede hacer que se empañe,
ocultando su cristalino andar.
Al nacer, nada nos acompaña:
todo se aprende,
todo se experimenta.
Y así vamos guardando
los falsos signos
de una vida que
creemos sin retorno.
Cómo recobrar la claridad...
Cuándo el dolor se hizo más vivo
que la suavidad...
Trabajo arduo
el de volver a tener
esa mirada inocente.
Y sigo pensando
en otra realidades.
Y me aferro a la idea
de que el dolor
es una decisión.
La opción constante
de imprimirlo,
como en una página
de un viejo libro,
como el sonido
de una vieja melodía.
Y llegar con manos limpias
a recoger la vida dura
y mirarla
y reconocerla
y aceptar todas sus cuitas.
El dolor es una opción.
Dejemos que se vaya.